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Mao Pinzón

Muestra · introducción · ~6 min

Te escribo desde la peor racha de mi restaurante

Y por eso te va a servir


Hay días en que abres el negocio sabiendo que va a estar flojo.

Y aun así abres con esperanza.

Un martes de los flojos, digamos. Llegas, prendes las luces y revisas que todo esté en su sitio, pero algo —el silencio de la calle, el celular que no suena— te baja a la realidad antes de que entre el primer cliente.

Después el día pasa lento, muy lento, y va cayendo gente de a poquitos pero nunca se llena.

Y cuando termina tu hora fuerte y ves que no pasó nada, ya estás dándole vueltas a la única pregunta que de verdad no te deja dormir.

¿Qué estoy haciendo mal?

Y ahí empieza lo peor, que no son los números: son las dudas.

Que si es la temporada, o si ya la embarré —si ya la regué, pues—. Que si los que vinieron el mes pasado no van a volver. Que si me falta publicidad. Que si es la zona. Que si es el estacionamiento.

Pero la peor de todas es otra, y es cuando pasas frente al de enfrente y sí tiene gente.

Y te destroza, porque en ese momento ya no piensas que sea la temporada: piensas que el problema eres tú.

Si te reconociste en eso, este libro es para ti. Tengas un restaurante, un taller, un consultorio, un spa, una agencia o un hospedaje.

Porque ese martes es el mismo en todos lados. Cambia lo que vendes; no cambia la pregunta de las tres de la mañana.


Yo escribo desde un restaurante — y te conviene

Todos los ejemplos de este libro son míos y todos huelen a cocina. No es descuido: es lo único que puedo probar con números de verdad.

Ahí afuera hay gente enseñándote inteligencia artificial con ejemplos que nunca puso a correr en ningún negocio. Yo te puedo enseñar poco, pero de eso poco te puedo decir qué me costó, qué me funcionó y qué tiré a la basura.

Cambia «platillo» por lo que tú vendes y funciona igual. Y en los cuatro capítulos donde me pongo muy de cocina, te dejo la traducción al lado.

Hace poco le ayudé a un amigo abogado, que tiene hospedajes acá en Yucatán. No tiene cocina, ni meseros, ni menú. Le instalamos esto en su computadora y en una tarde salió con su página hecha. Y lo que más le gustó no fue la página: fue entender cómo seguir solo, sin las cinco herramientas que estaba pagando sin saber para qué.


Quién te está hablando

Tengo un restaurante colombiano en Mérida: Parceros. 4.8 estrellas en Google con casi cuatro mil calificaciones, más de tres mil cumpleaños, más de doscientos mil seguidores, y fila en la puerta en los tres locales que hemos tenido. En enero tuvimos el mejor mes de nuestra historia.

Antes fui ingeniero de software dieciséis años. Y renuncié.

Y mientras escribo esto estoy en la peor racha que hemos tenido.

Te cuento las dos cosas juntas a propósito: lo que me pasa ahora no es que yo no sepa. Es un negocio que funciona, que la gente quiere, y que igual te tiene despierto a las tres de la mañana.

Y justo ahí estarás pensando: «¿me va a enseñar alguien que está en la peor racha del suyo?».

Tienes razón en preguntarlo. Pero mira el otro lado del mostrador: ahí afuera hay gente vendiéndote que ya automatizó el cien por ciento de su negocio.

Cualquiera que hoy te diga eso te está mintiendo. Yo llevo meses en esto todos los días y apenas voy por la mitad.

Elige a quién le crees: al que dice que llegó, o al que te va contando el camino mientras lo camina.

Y para que veas que hablo en serio: yo todavía no tengo controlada la merma. Ni el inventario. Es de lo más caro que se le escapa a cualquier negocio que maneje mercancía. Más adelante te digo por qué — y no es que la IA no pueda.


Lo que te vendieron, y lo que de verdad pasa

Apuesto a que ya te ofrecieron alguna de estas. Yo también les creí.

Lo que te venden Lo que de verdad pasa
«Pega este texto y la IA te hace todo» Le encargas algo grande, te vas, y vuelves a un desastre con buena ortografía
«Aprende inteligencia artificial» Lo que te falta no se estudia. Lo que ya sabes de tu negocio es la ventaja
«Con estas 20 herramientas cambias tu negocio» En seis meses la mitad no existe
«Automatiza todo tu negocio» Vas a automatizar tres cosas, y con eso basta para que se te note

Este libro es lo contrario de esa lista. No es para aprender inteligencia artificial. Es para que uses lo que ya sabes.


Este libro se escribió con el mismo método que enseña

Lo dicté por voz, entre servicio y servicio. Una IA ordenaba lo que yo decía y me devolvía un documento. Yo corregía y aprobaba. Igual que hago con la nómina.

Y aquí va la parte incómoda.

Mientras escribíamos este libro, la IA se inventó un dato. Escribió que algo había pasado en mi restaurante. Y no había pasado.

Lo grave no fue el invento. Fue que se lo creyó: lo dejó anotado como cierto y siguió trabajando encima trece días.

¿Quién lo agarró? Yo. Porque era mi negocio.

Ese es el libro entero en un párrafo. La IA es rapidísima y se equivoca con una cara de seguridad que asusta. Lo único que la atrapa es alguien que conoce el negocio de verdad.

Ese alguien eres tú. Y no necesitas saber de tecnología: casi todo lo que hay aquí lo puedes hacer sin programar.

Así que démoslo por hecho de una vez, y no te lo repito en cada capítulo:

Todo lo de este libro lo haces tú.

Cuando no, te lo aviso.

Y cuando llegues a algo que se vea difícil —conectar tu caja, tu correo, tu sistema— no supongas que necesitas contratar a alguien. Pregúntale a ella primero. A mí me funcionó muchas más veces de las que esperaba. Y cuando de verdad no se puede, te lo dice — que también es una respuesta que sirve, porque ahí ya sabes exactamente qué pedirle a quien contrates.

En los cinco capítulos donde de verdad se pone difícil, te lo marco con una caja. En los otros siete, ni la busques: no hay pared.


🔧 Empieza ahora, no al final

No hay un solo capítulo sin acción. Todos traen algo que puedes hacer el mismo día y un texto listo para copiar y pegarle a la IA.

Y la primera toma tres minutos y no necesita computadora.

Abre las notas de tu celular y escribe las tres cosas que más horas te quitaron esta semana. No las que deberían: las que de verdad se te comieron la semana. Cuadrar algo. Buscar un archivo. Contestar lo mismo por quinta vez.

Escríbelas feas, sin ordenarlas.

Esa lista es el mapa de todo lo que sigue. En cada capítulo vas a reconocer alguna de las tres — y ese es el capítulo por el que te conviene empezar.


Una última cosa: soy colombiano y llevo nueve años en México, así que se me van a salir palabras de los dos lados. Cuando se me escape alguna muy local, te la traduzco ahí mismo.

Empecemos por donde empecé yo.

Tú ya abriste ChatGPT alguna vez. Le preguntaste algo. Te contestó bien. Y no pasó nada más.

Es como llamarle a un amigo mecánico y describirle el ruido del carro. Te da una idea. Pero el carro sigue varado en el mismo lugar.

Yo estuve un año haciendo esa llamada. Hasta el día que le entregué las llaves.